Buenas noches!!
Encantada con que os haya gustado tanto la nueva imagen del blog y el cambio de nombre. Muchas gracias por vuestros comentarios tanto aquí como en las redes sociales. Son muy importantes para mi.

Cambiando de tema y estrenando nueva categoría en la barra de menú de El tutú del Avestruz, hoy os traigo un post totalmente diferente a lo que os tenía acostumbrados con I am Moohly.

Ayer fui por primera vez a las REBAJAS con mi bebé, aunque la verdad es que de rebajas tenían poco. Un descuento mínimo a prendas que o bien son de otras temporadas, o son esas que no venden ni a tiros, ¡qué horror!

Ultimamente me queda todo grande y quería ver si encontraba algunos pantalones de mi talla actual con la que no estoy nada contenta, pero con la que me resigno porque no hay mucha solución hasta que no deje la de dar el pecho a mi bebé. Ya me pasó con mi anterior hijo. Adelgacé muchísimo, y ya os digo que no es porque no coma lo suficiente, que los que me conocen a veces hasta se asustan y todo, sino porque el bebé prácticamente me consume, y si a eso le añadimos otro hijo de cuatro años, tenéis la dieta perfecta, aunque de verdad os digo que no es como me gustaría estar.

Siempre me he gustado con unos kilitos más. Sobre todo para tener algo de culete, que ahora está demasiado escurrido ¡¡jajaja!!

Bueno, para variar y no perder la costumbre, ya me estoy yendo por las ramas, así que volviendo al titulo del post y a esa pregunta que os formulo os cuento mi experiencia de ayer.

Atrevida debo ser un rato, ya que arriesgarme a ir de rebajas con un carro y un bebé de casi 5 meses puede verse como una locura, pero aprovechando que le acababa de dar a Mateo su toma y que se había quedado profundamente dormido, me até la manta a la cabeza (cosa que debería haber hecho de verdad, porque no veas el frío que hizo ayer) y me fui a fundir tarjeta y un vale de dinerito que me habían traído S.S.M.M. Los Reyes Magos de Oriente.

Al principio todo iba perfectamente. Había salido prácticamente a la hora de almorzar y no había mucho jaleo en las tiendas, por lo que me tomé mi tiempo en ver todo más tranquila, pero creo que ese fue el fallo, dicen que cuando te lo estás pasando bien se pasa el tiempo volando, y yo estaba tan absorta en mi “momento rebajil” que no me di cuenta de que el momento que llegaba era el de “la teta”.

Justo cuando tenía 4 pantalones, siete camisetas, dos pares de zapatos y un bolso colgados del carro y me disponía a ponerme en la cola, me doy cuenta que la hora de la comida e incluso de la siesta se había pasado y donde habían cuatro personas al principio, ahora habían quince.

Miré a Mateo y seguía dormido plácidamente,  así que me puse en la cola cruzando los dedos para que no se despertara con la discusión que mantenían madre e hija delante mía sobre si a la hija le iban a doler o no los pies con unos tacones que llevaba en la mano de al menos 15cm de tacón. Seguro que sí le dolerían pero daba igual lo que le dijera su madre porque ella estaba empeñadísima en llevárselos, pero al final no puedo deciros si lo hizo o no porque Mateo se despertó con hambre, y cuando mi hijo tiene hambre, tiene muuuucha hambre y lo hace saber ¡¡pero bien!!

De inmediato lo cogí en brazos para calmarlo e intentar aguantar un poco para llegar a la caja, pero al sacarlo del carrito, el peso de su bolsa y todas las cosas que yo había apoyado para llevarme hicieron que el carro se fuera al suelo. Menos mal que me ayudaron a levantarlo porque con el bebé en brazos y todo el peso no hubiera podido.

Ya sólo quedaban doce personas delante mía cuando Mateo, ya más tranquilo, soltó su metralleta de gases bajos para acabar haciéndose cacota encima. A las que sois mamis seguro que os ha pasado más de una vez que vuestro peque se tira pedos que no parecen que puedan salir de él, por lo que las miradas de asombro se dirigen la mayor parte de las veces a nosotras  ¡¡Qué vergüenza!! Por no hablar de la pestecilla que iba aflorando y que creo que hizo callar hasta a la madre y la hija ¡¡jajaj!!

De nuevo empezó a llorar y esta vez sin consuelo alguno. De modo que el nerviosismo me invadió y dejando las prendas en el mostrador, di media vuelta y me fui, con mi gozo en el pozo y sin nada para poder estrenar.

En fin, que se me quitaron las ganas de ir de rebajas de un plumazo, y aunque no soy muy fan de comprar on line, creo que esta vez tendré que pasar por el aro y activar el Paypal ¡¡jajaj!!

Y nada más, hasta aquí el post de hoy.  Espero que os haya gustado y os animo a que me contéis si os ha pasado algo parecido con vuestros bebés, hijos mayores, perros o cualquier cosa que llore y tenga fugas embarazosas como las de el pequeño Mateo 😉

 

Love Montse B.

 

Neceser: My Bag´s

Mordedor: El Corte Inglés

 

 

 

 

 

 

 

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3 comments

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Me ha gustado mucho. A veces tengo problemas parecido cuando el mi hijo se despierta fuera de casa y me siento muy identificada.
Por cierto, enhorabuena por el cambio!! 😘😘

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Es que con bebés es todo imprevisible, verdad? Me elegro mucho que te haya gustado. Gracias por comentar ☺️

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Jajaja!! A mí me ha pasado eso mismo alguna vez. La verdad es que te pknes súper nerviosa, sobre todo por l gente que te empieza a mirar de malas formas, pero bueno, hay que tener paciencia.

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